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Familia - Padres
Escrito por Sunsi Estil-Les Farre   
Sábado, 04 de Marzo de 2006 00:00
Pasando por alto el enfrentamiento San Valentín / Sant Jordi y a toro pasado porque el 14 de febrero ya pasó, ¿quién se resiste a escribir, reflexionar sobre el amor?. Lo más sencillo para los adultos es intentar definirlo, rastrear en las páginas de los autores que han dicho algo interesante o bonito o acertado... verterlo en una coctelera, agitarlo y glosarlo con una frase. “Amor es...” Para los pequeños, en cambio, resulta una tarea complicada. Ellos se quedan con lo que oyen, con lo que ven, con lo que tocan. ¿Recuerdan aquellas veces que nos preguntaban en clase el significado de una palabra?. Generalmente la respuesta solía empezar así : “Es cuando...”. ¡Mal!, nos respondían. Jamás se inicia una definición con esta expresión. Las cosas y las ideas no son “cuando”. Y es curioso que a estas alturas de la vida me resulte más fácil entender el amor con un “cuando” que con un “es”. Porque el amor -¡qué bellas y profundas las palabras de Benedicto XVI en su Encíclica Deus caritas est- “siempre está en camino: el amor nunca se da por concluido y completado; se transforma en el curso de la vida, madura y, precisamente por ello, permanece fiel a sí mismo”.

Les propongo una experiencia: desandar lo que transformamos en concepto con los años y volver a nuestras definiciones de la niñez. Intentar recuperar lo que aprendimos en la infancia, lo que se nos grabó en la retina, retuvo nuestro oído, atravesó los poros de nuestra piel, se quedó en el corazón y sólo podríamos explicar con un “Cuando...”. Algo similar realizaron un grupo de profesionales de la educación en un país de Sudamérica. “¿Qué es el amor?”, preguntaron a un grupo de niños de entre cuatro y ocho años. Éstas fueron algunas de sus respuestas . Karina, 7 años: “Cuando tú amas a alguien sus ojos suben y bajan y pequeñas estrellitas salen de ti”; el corazón que late más deprisa, la presencia del otro que nos hace enrojecer... ¡el flechazo!. Mateo, 6 años: “Amor es cuando alguien te incomoda y tú, aunque estás muy enojado, no gritas porque sabes que hieres sus sentimientos”; Mateo descubre que el amor va envuelto en delicadeza y ternura. Rebeca, ocho años:“Amor es cuando mi abuela enfermó de artritis. Ella no se podía agachar para pintarse las uñas de los pies. Mi abuelo, desde entonces, pinta las uñas de mi abuela aunque él también tiene artritis”; con los gestos de sus abuelos, Rebeca atisba uno de los significados más profundos del amor: la entrega de uno mismo y aceptar la entrega del otro... amar y dejarse amar. Tomasito, seis años:“Amor es como una viejita y un viejito que son muy amigos todavía, aunque se conocen hace mucho tiempo”. Con una sencillez que desarma, intuye que el amor es más que enamoramiento. Perdura a través del tiempo, a pesar de que el cuerpo de la persona que amamos se haya deteriorado con los años. Tomasito , a su manera, define la fidelidad, el amor-para-siempre. Cristina, 8 años: “Amor es cuando la mamá ve al papá hediondo y de mal olor y dice que él es más bonito que Robert Redford”. ¡Qué liiiindo!. Quenita, 7 años:“Amor es cuando tú hablas con alguien de ti sobre alguna cosa mala aunque sientas miedo de que esta persona no te ame más por este motivo. Ahí tú te sorprendes ya que no solamente te continúa amando como ahora sino que te ama todavía más”. Lo de Quenita es de matrícula de honor. ¿Alguien sabría explicar mejor el valor del diálogo de dos corazones que no se reservan nada, de la confianza total y absoluta en el otro porque sabemos que el otro nos quiere con nuestros defectos y a pesar de nuestros defectos? . Y Patricio, 8 años: “Cuando alguien te ama, la forma de decir tu nombre es diferente”. Diferente. Y Patricio, cuando se haga mayor, añadirá otros calificativos: exclusivo, único.

¿Qué ha sucedido durante este periodo que va desde las “estrellitas” de Karina a la artritis de los abuelos de Mateo?. Seguramente nada original ni espectacular.  

Levantarse por las mañanas –muchas veces con poco humor hasta que hace efecto el café- , largas jornadas laborales que nos dejan como pingos cuando llega la noche, comidas románticas y almuerzos rápidos, la alegría de los hijos y los sinsabores de sus sinsabores, apuros para llegar a fin de mes o no, salud y enfermedad, discusiones y reencuentros.. Y, un día u otro, tropezones de limón. El limón –las dificultades- que no habíamos previsto . “Cuando tengas un limón, hazte una limonada”, dice Dale Carnegie. . Cuando ella y él - los dos- agarran el limón y lo exprimen y le añaden agua, mejor de manantial, cuando abren la despensa y cogen azúcar o miel y en verano van al congelador y también le echan unos cubitos de hielo ... hacen limonada. Ya no quema en la garganta . Pasa suave; se ha endulzado y diluido con la fuerza del amor. Amor es “Cuando”. Porque es activo, necesita tiempo y se consolida en el tiempo, con cosas muy normales que guardamos en la despensa o en el congelador. Sus ingredientes no caducan. La cuestión es levantarnos del sofá, ir a la cocina, alargar el brazo, sacarlos de su escondite y dejarlos más a mano. Para emplearlos cuando haga falta. La limonada no se hace sola ni en solitario. Necesita la complicidad de dos y el flujo del amor.

 

Sunsi Estil-les Farré
Publicado en Diari de Tarragona (19 de febrero de 2006)

 

 

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